Cuando el Ego desciende para renacer, lo hace pasando por el Segundo Cielo. Allí es auxiliado por las Jerarquías Creadoras para que pueda formar un arquetipo de su futuro cuerpo, infundiendo en ese arquetipo una vida que durará durante cierto número de años. Estos arquetipos son espacios vacíos, que producen un sonido vibrante, que es lo que atrae las necesarias substancias del Mundo Físico y pone todos los átomos del cuerpo vibrando sintónicamente con el minúsculo átomo cardíaco llamado simiente atómica, la que, como un diapasón, da la nota clave de todo el resto material del cuerpo. Cuando termina el tiempo en que toda la vida predestinada ha sido vivida en la tierra, las vibraciones del arquetipo cesan, se retira la simiente atómica, el cuerpo denso comienza a desintegrarse, y el cuerpo de deseos, en que funciona el Ego en el Purgatorio y en el Primer Cielo, asume la forma del cuerpo físico. Entonces el ser humano comienza el proceso de expiar sus malos hábitos, así como sus malas acciones en el Purgatorio, asimilándose luego el bien de su vida en el Primer Cielo.
Lo antedicho describe las circunstancias corrientes cuando no se perturba el curso natural de la vida; pero en el caso de los suicidas la situación es distinta. El suicida se ha retirado con la simiente atómica; pero el arquetipo hueco sigue vibrando, lo que hace que se sienta como si estuviera vacío, experimentando la sensación de que contara con toda las substancias necesarias para formar un cuerpo físico, pero ya le resulta imposible asimilar esa materia y modelarla en su cuerpo. Este horrendo sentimiento de vacío dura hasta que transcurre por completo el período que debió durar su vida. Es así como la Ley de Causa y Efecto le enseña el error de querer escaparse de la Escuela de la Vida, lo que no puede hacerse impunemente. Luego, en la próxima vida, cuando las dificultades se amontonen en su camino, recordará los sufrimientos pasados que lo llevaron al suicidio y aceptará pasar por las experiencias que permitan su crecimiento anímico.
Es curioso el hecho de que el suicidio cometido en una vida y el consiguiente sufrimiento post mortem que se soporta mientras dura el arquetipo, generalmente provocan en esas personas un temor mórbido hacia la muerte en la próxima vida, de manera que cuando se produce la muerte natural, parecen enloquecidos al salir del cuerpo y ansiosos de retornar al Mundo Físico nuevamente, a tal punto que a veces cometen el crimen de llevar a la obsesión a algún ser viviente, en la forma más inexcusable.

